miércoles, 1 de febrero de 2017

Un museo en Edimburgo




Desde que vivo en Escocia, como dije, la intensidad y frecuencia de mis recuerdos se ha multiplicado. Vuelvo, una y otra vez, sobre todo a la infancia. Y hace unos días, estando en Edimburgo, recordé las pocas oportunidades que tuve entonces de visitar museos. 

Nunca me importó. Como suelo decir, en la vida, con un poco de actitud y voluntad, suele dar tiempo a casi todo. Así que yo no lamento no haber ido a clases extraescolares, llámense inglés, natación o ballet. Tampoco me apena no haber tenido la oportunidad de haber ido al cine, porque cuando íbamos a Zaragoza (E.T., Big y Kárate Kid) lo vivimos como algo único y, además, mi padre tiene un proyector y, en la escuela o en nuestro sótano, ponía películas para los chicos del pueblo. 

En la infancia, con el colegio visité un museo. Fue la Casa Natal de Goya, en Fuendetodos. Era modesta, pero a mí me fascinó. Puede que de ahí venga mi debilidad por las casas museos.

La última que he visitado está en una localidad impronunciable llamada Kircudbright. Allí vivió y trabajó el artista E A Horne. La colección de objetos personales así como de obras es maravillosa. Y el jardín, precioso. 

Ya en el instituto, viajamos a Madrid para conocer el Museo de Ciencias Naturales. Recuerdo como si fuera hoy, cuando subimos la cuesta, aparcó el autobús, bajó el profesor y volvió al minuto, pálido. Era el día de la semana que cerraba al público. Bueno, creo que no nos importó demasiado y pasamos el resto del día en el zoológico. 

Yo he tenido la oportunidad de enmendar el entuerto y volver en más de una ocasión ya que mi casa de Madrid se encuentra muy cerca. 

Como digo, en la vida suele dar tiempo a casi todo aquello que deseas si le pones interés. De modo que, hoy por hoy, no me pierdo casi ningún museo. En Edimburgo la oferta es amplísima de forma que, si he de elegir, me quedo con el National Museum of Scotland

Posiblemente a Kircudbright nunca vayáis, a no ser que decidáis venir a visitarnos y entonces os llevaremos. Pero Edimburgo es un destino habitual y también el lugar en el que residen actualmente multitud de españoles que allí han encontrado el empleo que en España les fue negado. Quizá uno de ellos, o incluso dos, sean vuestros familiares. Lo dicho, si decidís disfrutar de esta bella ciudad, anotad en la lista este museo. Como en la mayoría, la entrada es gratuita. 

Recorriendo las diferentes salas y viendo a tantos y tantos niños descubrir atónitos lo que alberga, sentí que me hubiera encantado visitarlo de niña. El edificio en sí es una joya y casi todo se puede tocar y experimentar. 

Cuenta con un sala dedicada al espacio, diversas en torno a la vida animal y también sobre los inventos y diseños que ilustres escoceses compartieron con la humanidad. Por ejemplo, la bicicleta. 





No os podéis imaginar cómo me divertí con una máquina que explica la formación de las olas en el mar. ¡No paré hasta conseguir una enorme!

También resulta interesante el apartado dedicado a la moda. Ilustra cómo vestían antiguamente los escoceses y las prendas más vanguardistas que han realizado hace apenas un tiempo.

El museo cuenta con una agradable café en el que se puede tomar un tentempié. Os aseguro que será necesario porque la visita puede ocupar varias horas. Y aún así, queda una larga lista de objetos y secciones sin explorar. 

Yo tengo una curiosidad innata por saber qué hay en las alturas. Así como lo subterráneo no me seduce, las azoteas me atraen. De modo que, cuando leí séptima planta igual a terraza, subí sin dudarlo. 




Teniendo en cuanta que disfrutamos de un soleado domingo, la sorpresa fue mayúscula. Y es que brinda una panorámica fascinante. Desde el castillo hasta el monumento a Nelson y Arthur's Seat, pasando por esa suerte de antigua arquitectura que caracteriza a Edimburgo. 

Voy a aprovechar e introducir una pequeña cuña publicitaria. He iniciado otro blog dedicado a nuestros viajes en furgo. Podéis teclear: https://nosinmifurgo.wordpress.com






Cada viernes subiremos una nueva entrada y, naturalmente, muchas de ellas tendrán Escocia como escenario. Si os apetece conocer más sobre nuestras pistas favoritas en Edimburgo, permaneced atentos porque pronto lo publicaremos. 

Aprovecho para agradeceros vuestra fidelidad tanto tiempo después. Incluidas las pausas que la vida me hizo necesitar. Saber que al otro lado hay lectores que disfrutan con este tipo de recuerdos y textos me emociona enormemente. ¡GRACIAS!

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